jueves, 12 de julio de 2018
lunes, 25 de junio de 2018
25 - 06 - 1791 | San Martín recibe su bautismo de fuego en el combate de Orán, contra los moros.
Luego de viajar con sus padres a España en 1786, con apenas 8 años,
e ingresar en el Seminario de Nobles de Madrid, una institución
aristocrática, pasó con 12 años al Regimiento de Murcia, ingresando como
cadete, gracias a ser hijo de un oficial. Rápidamente, tendría su
bautismo de fuego. Al poco tiempo de iniciar su carrera militar en el
regimiento de Murcia, San Martín pasó a las guarniciones de África en
Melilla. Tuvo su bautismo de fuego a los quince años en 1791, cuando en
la plaza de Orán en Africa, su batallón enfrentó un ataque de moros.
Durante treinta y siete días sufrieron el fuego del enemigo, el hambre y
el insomnio; ganando en esta circunstancia la mención en la foja de
servicios de “valor acreditado”. Fue la tropa de granaderos del Murcia
la que protegió el reembarco de las tropas españolas que abandonaron esa
región norafricana. La última bandera de España en replegarse fue, por
tanto, la de los granaderos del Murcia, entre los cuales se encontraba
el soldado niño José de San Martín. De Africa pasó con su regimiento al
ejército de Aragón en 1793, y de éste al de Rosellón, mandado por el
general Ricardos, que combatía contra la invasión del ejército francés.
Ricardos era un excelente táctico, de quien San Martín debió recoger
muchas enseñanzas. Al pie de los Pirineos orientales, rechazó en veinte
días tres ataques generales y triunfó en once combates parciales contra
el enemigo. En la mayor parte de esos combates se distinguió José
Francisco, valiéndole su desempeño un ascenso a Segundo Subteniente del
regimiento de Murcia. En esta guerra contra Francia también participaban
–aunque en otros cuerpos del ejército español- sus hermanos Manuel
Tadeo y Juan Fermín. Muerto el General Ricardos en un combate y vencido
el ejército español, se tuvieron que replegar a Colliore, cuya plaza fue
defendida fuertemente hasta que el ejército fue obligado a capitular.
Esta acción le valió un ascenso a Teniente Segundo, en 1795. Napoleón
Bonaparte Este ciclo de la guerra con Francia finalizó con el tratado de
Basilea (1795) por el cual Napoleón obligó a España a convertirse en su
aliada. España entraba de esta manera, en guerra contra Inglaterra.
Esta última atacó con su flota a la escuadra española en el Cabo de San
Vicente, en 1797. Entre 1797 y 1798 San Martín combate a los ingleses,
como infante de Marina, ya que el regimiento de Murcia fue embarcado con
esa función, y en junio de 1798 es derrotado y apresado por los
ingleses, permaneciendo prisionero -bajo palabra- hasta 1801. La
escuadra hispana que en aquella lucha perdió cuatro de sus mejores
naves. Así, San Martín recibió su bautismo de fuego en el mar. En 1801,
junto al Batallón de Voluntarios de Campo Mayor enfrentaba a los
ejércitos portugueses con motivo de la guerra declarada por Carlos IV
ese año. A fines de mayo de 1801, con el apoyo francés, asistió a la
toma de la plaza de Yelves; a la acción de Campomayor y al sitio de
Olivenza; y en diciembre de 1802 es nombrado 2º Ayudante del
recientemente creado Batallón Nº 11 de Infantería Ligera de voluntarios
de Campo Mayor.Cuando se firmó la paz de Amiens en 1802, su regimiento
participó del bloqueo de Gibraltar y de Ceuta.En Cádiz fue ascendido a
Capitán Segundo de su regimiento de Campo Mayor, en 1804. Allí debió
prestar servicios para combatir la epidemia de cólera que azotaba a la
población. Además, en Cádiz entró en contacto con jóvenes americanos,
como Bernardo O`Higgins y Miguel Carrera, en cuyas cabezas comenzaban a
germinar ideas de libertad del dominio español y que, en su mayoría,
formaban parte de sociedades patrióticas como la Logia Lautaro, filial
de la Gran Reunión Americana, fundada en Londres por el venezolano
Francisco Miranda. También allí recibió noticias de que la población
rioplatense había rechazado la invasión de tropas inglesas. Fernando VII
de España Cuando el gobierno de Portugal desobedeció el bloqueo
continental declarado por Napoleón al arribo de mercadería británica a
Europa, las tropas franco-hispanas invadieron Portugal. En esas acciones
participó José Francisco que ya preveía la claudicación del gobierno
español ante el francés. A esta situación se sumaron las discordias
entre el rey Carlos IV y su hijo Fernando, aprovechados por Napoleón
para dominar por completo a España. El pueblo español no iba a tolerar
sumiso esa dominación. La primera reacción se tradujo en el movimiento
del 2 de mayo de 1808 en Madrid, del cual participó Manuel Tadeo,
hermano de San Martín. Aunque este movimiento fue sofocado, la rebelión
continuó. San Martín se encontraba en Cádiz como edecán del General
Francisco María Solano Ortiz de Rosas, quien fue muerto por el pueblo
acusado de traidor, ya que apoyaba a los franceses. San Martín trató de
frenar a la multitud, pero no lo logró y salvó milagrosamente su vida;
tuvo que salir de incógnito con rumbo a Sevilla, en donde continuó al
frente del Regimiento Campo Mayor. Había sido ascendido a mayor general
en junio de 1808. Por sus aptitudes organizativas, José Francisco fue
convocado por el marqués de Conpigny, como Mayor General de las tropas
al mando de Don Francisco Torres Valdivia en el reino de Jaen,
pertenecientes a la segunda división que mandaba el Marqués de Conpigny.
Destinado al Ejército de Cataluña, San Martín fue agregado al
regimiento de caballería Borbón. Se iniciaban operaciones contra los
ejércitos napoleónicos. San Martín encabezaba las guerrillas de la
avanzada española que en Arjonilla (28 de junio de 1808) enfrentaba al
ejército francés y lograba desbaratarlo. En mérito a este hecho, la
Junta de Sevilla le otorgó el grado de Capitán agregado al Regimiento de
Caballería de Borbón. Días más tarde, cargó contra un destacamento en
La Cuesta del Madero, al que venció logrando varios prisioneros. Pocos
días después, el 16 de julio, atacó en Andújar a un convoy de los
franceses, ocasionándoles varias bajas. Este enfrentamiento presagiaba
la victoria que las fuerzas españolas obtuvieron en Baylén (19 de julio
de 1808), con 19.000 prisioneros, 40 cañones, 20 carros de artillería y
4000 caballos. Por su heroico comportamiento en esa batalla, San Martín
recibió el grado de Teniente Coronel y una medalla de honor. Al frente
de su regimiento de caballería de Borbón, que integraba el ejército de
Andalucía, participó en la toma de Madrid luego de la derrota francesa
de Bailén y su posterior capitulación en Andújar. En noviembre de 1808
el cuerpo de San Martín integraba el Ejército de Andalucía que, con
restos de otros ejércitos, conformó el denominado “Ejército del Centro”
al mando del General Castaños. En pleno repliegue español hacia el río
Queiles, San Martín dirigía las guerrillas españolas que dificultaban el
avance francés. A fines de 1808 por una afección a las vias
respiratorias –que lo acompañaría toda su vida- estuvo de licencia con
goce de sueldo. En 1809, luego de una prolongada enfermedad, es
trasladado a Sevilla, agregado a la Junta Militar de Inspección y en
junio se reincorpora al ejército de Coupigny -noble francés que luchaba
en el bando español- siendo designado ayudante del mismo, el 25 de
agosto de 1810. Como oficial del ejército español participó de la
batalla de Albuera (15 de mayo de 1811) y, junto a las fuerzas de
Inglaterra y Portugal al mando del general Beresford, –el mismo que
cinco años antes había rendido sus banderas en Buenos Aires- lucharon
contra los ejércitos franceses. Para esta época se conoció en Cádiz la
noticia de la decisión tomada en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810.
Entre sus compañeros de armas y de ilusiones por ver una América
independiente se encontraban Carlos María de Alvear y el chileno José
Miguel Carrera. La experiencia ganada a partir del combate contra moros,
franceses, ingleses y portugueses iba a jugar a favor de sus planes en
América. En julio de 1811, se le confiere el cargo de Comandante
Agregado al Regimiento de Dragones de Sagunto, cargo del que nunca tomó
posesión ya que en agosto de ese año presentó su solicitud de retiro con
uso de uniforme y fuero militar, con el objeto de pasar a América a fin
de “arreglar sus intereses”. Luego de veintiún años sirviendo en
España, decidió retornar a su lugar de origen y –como
señaláramos-presentó solicitud de retiro del ejército español. Al mismo
tiempo, solicitó permiso para trasladarse a Lima donde, según expresó,
tenía que velar sus intereses. El permiso le fue concedido. Poco
después, pasaba a Inglaterra y desde allí al río de la Plata para
iniciar el camino de la Libertad Americana. A través del desempeño en su
carrera militar, cultivó importantes logros en la lucha contra los
moros en el norte de África y contra los franceses en España. La
experiencia capitalizada resultó de utilidad en América e hizo
fructificar la independencia de Sudamérica. Su bravura y valentía pueden
advertirse en las palabras de sus superiores, tal el caso del Teniente
Coronel don Juan de la Cruz Mourgeón en el parte de la Batalla de
Arjonilla y en el resumen de sus intervenciones militares en España
hasta 1809.
sábado, 2 de junio de 2018
" Yuta puta "
Una de las máximas del izquierdismo es que
los policías no son obreros sino “desclasados”. Así, su posición como
miembros del aparato represivo los convierte política e ideológicamente
en “anti-obreros”. Tampoco hay que apoyar sus reclamos, porque eso
“refuerza” su capacidad represiva. Es más, ni siquiera conviene
sindicalizarlos. Todo se resume entonces con una consigna fácil: “yuta
puta”.
Esta idea tiene varios problemas. En
principio, supone que es el policía el que “reprime” y no la burguesía y
su Estado. Se los considera lo mismo. De ese modo, no hay posible
contradicción alguna entre uno (el policía) y otro (el Estado burgués).
Al mismo tiempo, suponen que el policía está destinado a ser
reaccionario, como si la mayor parte de la clase obrera fuera por sí
misma revolucionaria y no votara candidatos patronales.
Pero el asunto es más profundo: se encuentra
atado a la idea que estos izquierdistas tienen del problema de la
“seguridad” y la represión. Para ellos, los obreros son enemigos
declarados del policía. Sin embargo, la realidad es más compleja: los
obreros continuamente reclaman “mayor seguridad”. El laburante también
es asaltado en la calle y está más expuesto a los robos que el burgués.
El problema de la delincuencia lo puede afectar de mil maneras
diferentes.
Pero, en definitiva, ¿a qué clase pertenecen
los policías? Para resolver esto, no hay nada más equivocado que
observar su “función”. Por el contrario, hay que mirar las relaciones
sociales. El policía suele proceder de filas obreras, incluso de las más
empobrecidas (¿quién , sino, va a arriesgar su vida todos los días por
un sueldo miserable?). Lo único de lo que dispone es de su capacidad
para trabajar. Tiene miles de vínculos sociales y hasta culturales con
la clase obrera, desde su vida en un barrio obrero hasta el consumo de
los mismos bienes o servicios.
Y es que la burguesía apela a fracciones de
la clase obrera para ejercer su dominio. Sobran ejemplos al respecto: en
un sentido ideológico, puede apelar a los docentes para educar a los
obreros en la conciencia burguesa. ¿O alguien cree que la escuela
siembra ideas revolucionarias? Al fin y al cabo, un docente reprime la
conciencia. Lo mismo ocurre con las fuerzas de seguridad, aunque acá la
represión sea física y más visible. Sin embargo, tarde o temprano, las
capas más bajas de la jerarquía (soldados o gendarmes, suboficiales,
incluso algunos oficiales inferiores) pueden comprender que hay algo que
los separa del cuerpo que los obliga a reprimir. Claro que es más
difícil. Históricamente, la burguesía les ha negado los más mínimos
derechos democráticos: de reunión y agremiación, de libre expresión, de
intervención política, de huelga. Por eso mismo requieren más que nunca
una política acorde a las necesidades del caso.
¿Parece una locura? Bueno, ejemplos
históricos hay de sobra. No habría existido revolución rusa sin quiebre
del aparato represivo, para el cual se trabajó desde mucho antes de las
jornadas revolucionarias. En numerosas ocasiones, policías se negaron a reprimir. Quebrar el aparato policial es posible y la sindicalización sería un buen paso. Permitiría que las bases
entren en contradicción con la oficialidad, que comprendan que sus
intereses de clase se encuentran ligados a las luchas de los
trabajadores, escapar a los manejos turbios de sus superiores y
denunciarlos o incluso rehusar de la lumpenización. En definitiva,
permitiría luchar contra el aislamiento que la burguesía impone a los
policías de base, cuando busca encerrarlos en espacios donde no entre
otra influencia que no sea la suya.
viernes, 13 de abril de 2018
La pequeña muerte, por Eduardo Galeano.
domingo, 1 de abril de 2018
" La Pascua de los israelitas en tiempos de Jesús "
![]() |
| Maqueta de una reconstrucción de la ciudad de Jerusalén (siglo I). |
En la Pascua Cristiana se celebra la Resurección de Cristo.
Remontádonos a los tiempos de Jesús, comprobamos que los judíos asistían a Jerusalen para conmemorar la Pascua judía. El propio Jesús, de origen judío, llegó a Jerusalén para unirse a la celebracion de los israelitas e igualmente se preparó para el ritual de la última cena, que en la tradición judía se conoce como el Séder.
Durante la época de Jesús, el Templo de Jerusalen era lugar de peregrinación y ofrendas del Judaísmo sobre todo durante las tres fiestas de peregrinaje (Shloshet haRegalim), y la fiesta de la Pascua era una de las más importantes.
![]() |
| La “Última Cena” no es otra cosa que la celebración del Séderen el Pésaj judío. |
Los orígenes de la Pascua; el Pésaj
La Pascua cristiana tiene así sus orígenes en la festividad del Pésaj . Con este nombre se conoce a la Pacua judía que se origina en la historia contada en la Torá.
Los judíos celebraban el Pesaj para conmemorar su liberación del dominio egipcio (aproximadamente en 1250 a. C. )
Asi pues, el “Pésaj”, es la festividad que conmemora esa salida del pueblo judío de Egipto, relatada en el libro bíblico del Éxodo. El pueblo judío interpreta el relato de la salida de Egipto como el hito que marca el nacimiento del pueblo como tal.
La festividad dura siete días (ocho en la Diáspora), y durante la misma está prohibida la ingestión de alimentos fermentados y derivados de la harina, llamados en hebreo Jametz (la raíz de la palabra indica “fermentación”). En su lugar, durante la festividad se acostumbra a comer Matzמá , o pan ácimo. La hostia católica tiene su origen en la Matzá.
Según la tradición, el pueblo judío salió de Egipto con mucha prisa y sin tiempo de prepararse, por lo que no hubo tiempo para dejar leudar el pan para el camino, y de esta creencia deriva la prohibición de ingerir Jametz.
En estos días, se come pan ácimo, sin levadura, como señal de humildad, ya que los judíos debieron partir sin poder leudar el pan; también se toma una copa de vino, bebida que alegra el corazón.
![]() |
| La “Última Cena” no es otra cosa que la celebración del Séder en el Pésaj judío. |
La Pascua y la primavera
La época de la Pascua ocurre al inicio de la primavera en el Medio Oriente. El invierno ha finalizado y para la naturaleza comienza la vida. Los arboles estan floreciendo, la vegetacíon se renueva ,el ciclo de la agricultura comienza y así también la primer cosecha del trigo se inicia.
La Pascua, se efectúa siempre cuando hay luna llena y en el período en el que el sol se encuentra en el meridiano.
La festividad también recibe el nombre de Fiesta de la Primavera, ya que en el hemisferio Norte marca el inicio de dicha estación. Dado que en Israel las estaciones calurosas son las estaciones secas, a partir de Pésaj y hasta Sucot se acostumbra a rezar por el rocío, y no por la lluvia (oraciones que se reservan para el invierno).
La fiesta de primavera que ya existía antes del surgimiento de Israel como pueblo, se relacionó estrechamente con la experiencia de fe de la liberación de los hebreos, esclavos en Egipto. Y ya no se celebró en función de los ganados (ni de las cosechas, en el caso de la fiesta de los campesinos), sino como conmemoración de la liberación del éxodo.
La fiesta comenzaba con la cena pascual y se extendía por siete días, de acuerdo con la tradición de los ácimos: Exodo 12,14-20.
![]() |
| Jesús en la última cena junto a los discípulos. |
La fiesta pascual de los israelitas
Esta cena pascual contempla varios aspectos:
-Lo que podríamos designar como la celebración doméstica, cuando se realizaba un rito con la sangre (se marcaban el dintel y los postes de las casas), además de la cena propiamente dicha.
-Luego la celebración centralizada en Jerusalén, que incluía un sacrificio con la sangre (recogida por los sacerdotes en vasijas que se pasaban de mano en mano hasta el altar), la parte que correspondía a Dios en el banquete de la comunión; y una cena, que obedecía a un ritual bien establecido, en el que jugaban un papel fundamental las carnes del cordero, el pan ázimo, las hierbas amargas y las cuatro copas de vino.
Todos estos elementos de la cena encarnaban simbólicamente el memorial del éxodo para ser compartido fraternalmente. La cena tenía una hermosa estructura pedagógica, que permitía que los niños aprendieran experimentalmente a ser judíos, a convertirse en miembros del pueblo elegido.
–En la época de Jesús, la cena pascual tenía además una importancia escatológica muy grande. Las esperanzas mesiánicas eran cultivadas de una manera especial en esta cena, lo que hace bien comprensible el hecho de que, ya en los mismos relatos por lo menos de los sinópticos, se dé tanta trascendencia a la referencia a esta fiesta.
Durante la primera noche de la festividad (las dos primeras en la Diáspora) se acostumbra a llevar a cabo la tradicional cena, llamada “Séder” , durante la cual se relata la historia de la salida de Egipto.
domingo, 11 de marzo de 2018
Lo que aprendí los últimos 4 años, por Gustavo Vera.
Lo que aprendí los últimos 4 años es que el ecosistema polìtico funciona
asi: primero la tentación ( con salarios altísimos y privilegios);
después el acostumbramiento a las tentaciones y el sigiloso
encarpetamiento del ecosistema "por las dudas"; màs adelante llega la
extorsión, cuando el funcionario tentado y cebado cree que es "libre" y
puede proponer medidas que vayan contra los intereses del régimen de
verdad; y por último la rendición y traicion por temor a que se ventilen
sus miserias públicamente o por temor a perder sus privilegios. De este
modo la mayoría de la clase política termina alejándose de sus ideales
iniciales y termina vendiéndole el alma al diablo de los banqueros y
empresarios que manejan el régimen a su antojo. Una precondiciòn para
lograr tener una patria de verdad es que los políticos no ganen màs que
un director de escuela y existan durísimas sanciones penales a quienes
incurran en delitos de corrupción. Mientras ser diputado, senador,
ministro, secretario, subsecretario sea una condición privilegiada y no
una vocación de servicio por amor a la patria, no tenemos destino.
miércoles, 7 de marzo de 2018
El 7 de Marzo de 1906 nacía Ramón Carrillo. Medico neurocirujano, neurobiólogo y médico sanitarista de Argentina.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











